miércoles, 20 de febrero de 2013
Toda esa tristeza, esas ganas de buscar que fue lo que hiciste mal, de volver el tiempo atrás para hacer todo distinto (qiizás esa sea la solución), todas las dudas, los por qué, la tentación de marcar su número, de hablar con el aunque sea para escuchar su voz, los sueños de que algún día todo sea como ántes; aparecen de nuevo cuando menos te lo esperás, salen del escondite en donde tan ingeniosamente los habías guardado. Son como animales enjaulados, que golpean y golpean hasta que rompen la cerradura y salen, más fuertes que nunca, corriendo para todos lados, destruyendo todo a su paso, sin piedad. Ahí es cuando te das cuenta que no hiciste más que enfurecerlos más, agrandaste su poder y ahora ellos están dispuestos a atacar por la espalda, tomándote totalmente por desprevenido, con la guardia baja.
lunes, 7 de enero de 2013
miércoles, 2 de enero de 2013
AÑO NUEVO, VIDA NUEVA
A la gente parece gustarle creer que a partir de un punto
exacto en el tiempo todo va a dar un vuelco, un giro de 360º. Sinceramente
nunca lo entendí, siempre me pareció algo carente de sentido.
La vida está en constante cambio y mientras todos esperan la
llegada de UN día en donde ALGO fuera de lo normal va a ocurrir (fieles a
nuestro espíritu amante de lo sobrenatural), la verdad es que otro ALGO está
ocurriendo, pero ahora.
Basta de esperar a un nuevo año para cambiar, para empezar
algo (o dejarlo), basta de pensar que todo va a ser distinto por arte de magia
y de un día para el otro, que vamos a despertarnos sintiendo el cambio. Empecemos
a, de vez en cuando a ver donde estamos parados, hacia a donde vamos y si estamos
llevando realmente la vida que quisimos tener en algún momento, planteémonos
quienes somos, quienes nos rodean, quienes ocupan un lugar en nuestros
corazones, veamos nuestros errores, miedos. Toda transformación empieza un día
random, en alguna persona y por una razón determinada, no hay más vueltas que
darle. Con esto quiero decir que comencemos de una vez y para siempre a ser
protagonistas de nuestra existencia, empecemos a vivir YA, en este y cada uno
de los momentos a partir de hoy. No hay mejor tiempo que el presente, ni
momento mas propicio para empezar a actuar que el ahora.
Animémonos de una vez por todas a vivir nuestra vida, sin
prestar atención al calendario y solo así se van a dejar de escuchar cosas como
“ojalá este año sea mejor” o “espero que este año sea tan bueno como el
anterior” basta de encasillamientos, de frenarnos a nosotros mismos porque “no
es el tiempo” y entendamos de una vez por todas que no hay días, ni año, sino
que hay vida, una sola vida para cada uno de nosotros y porque si lo sentimos,
realmente AHORA ES EL TIEMPO.
martes, 1 de enero de 2013
martes, 18 de diciembre de 2012
Es algo hermoso esto de la autosatisfacción, la falta de preocupaciones, estos días llevaderos, a ras de tierra, en los que no se atreven a gritar ni el dolor ni el placer, donde todo no hace sino susurrar y andar de puntillas. Ahora bien, conmigo se da el caso, por desgracia, de que yo no soporto con facilidad precisamente esta semisatisfacción, que al poco tiempo me resulta intolerablemente odiosa y repugnante, y tengo que refugiarme desesperado en otras temperaturas, a ser posible por la senda de los placeres y también por necesidad por el camino de los dolores. Cuando he estado na temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al dormecino dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la peluca a un par de ídolos generalmente respetados, de equipar a un par de muchachos rebeldes con el soñado billete para Hamburgo, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.
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