lunes, 8 de julio de 2013

Vueltas



De vez en cuando pasa que volvés a mi cabeza, es inexplicable pero me acuerdo de un gesto, una palabra, un aroma, un sonido. Creo que es eso que algunos llaman memoria emotiva, no sé, sinceramente no me importa como se llame, si no lo que causa en mí. Para los fatalistas, los sensibles y aquellos cuya imaginación va más allá, se hace necesario aclarar que no vivo en eterno sufrimiento ni mucho menos, es más, no suelo evocar recuerdos, no porque los oculte, si no porque simplemente no vienen a mí…
Dicho esto, cuando sí aparecen siento como una tranquilidad intranquila, desesperación pero controlada, tristeza, vacío, aunque no lo suficiente para llorar o desanimarme. Es algo raro, y tengo que admitir que muchas de las veces que abrí un libro, vi una película o serie o escuché a alguien hablar, una parte de mí lo hizo buscando una palabra para ese sentimiento, o por lo menos encontrar que no soy yo la única que siente de ese modo.  Cabe decir también que mis intentos fracasaron.
Sinceramente creo que dentro de mi hay sentimientos que luchan por ver quién prevalece, la tristeza se bate a duelo con la bronca, el orgullo encuentra, a su forma, como hacerle frente a la impotencia, mientras que la timidez, la inseguridad la sumisión miran, desde afuera, sin dejar de ser ellas también partícipes. ¿Qué hice mal?, ¿Por qué terminó?, ¿Quién te pensás que sos?, ¡Olvidate que encuentres a alguien como yo!... Todo eso, todo eso, va y viene, me calmo y no, pienso, medito, repaso, doy vueltas, sobre todo doy vueltas, me despejo, escucho música, me duermo, sueño, despierto, recuerdo, vuelvo a pensar, vuelvo a dar vueltas, me enojo, me traquilizo, me entristezco, me olvido, vivo, camino, recuerdo y así y así y así y mi vida termina girando siempre en torno a vos. Siempre en torno a vos, aunque no quiera, aunque me castigue por hacerlo, aunque haga como si  no, aunque me obligue a que no, aunque a veces hasta logre olvidarme, siempre gira en torno a vos, siempre. ¿Qué tipo de fuerza, que poder tendrás para mantenerme siempre ocupada? ¿Tan débil, tan dependiente de vos soy?¿Por qué me hago esto a mí misma?¿Por qué simplemente no lo supero?¿Y por qué es tan fácil para vos hacerlo?
Tan simple y tan complicado como eso.

miércoles, 3 de julio de 2013

sábado, 22 de junio de 2013

Anochecer en Capital




Salgo a caminar, y de repente tengo una rara sensación de tranquilidad, como esa que viene cuando estás rodeada de caos, pero aún así te sentís más allá, mirando todo de lejos. Creo que es buen momento para un cigarrillo, lo enciendo y siento como si al exhalar el humo, se estuviera yendo con él todo lo que me preocupa (no soy de fumar mucho, pero acepto que hay momentos que invitan a hacerlo). Para colmo noto que empiezan a caer unas tímidas gotas, que no hacen más que aumentar la velocidad de los pasos de los peatones, la frecuencia de los bocinazos y el nerviosismo en general; y producir un efecto totalmente inverso en mí.
                Todo eso se complementa y crea la ecuación perfecta para llegar al equilibrio, Capital me transmite esa rara sensación (o quizás la rara soy yo) de saberme distinta, indiferente a ese otro mundo en donde todo lo controlan las manecillas del reloj.

lunes, 3 de junio de 2013

Amo la lluvia


Amo la lluvia porque viene del cielo
Amo la lluvia porque no es de nadie
Amo la lluvia porque la gente olvida con ella sus problemas por un segundo
Amo la lluvia porque es la mejor canción de cuna
Amo la lluvia porque es agua que en algún momento toco tierra y volvió a subir, solo para caer nuevamente
Amo la lluvia porque pone a la gente de buen humor
Amo la lluvia porque es una creación de la naturaleza
Amo la lluvia porque potencia cualquier sentimiento
Amo la lluvia porque acompaña en un dia triste
Amo la lluvia porque mojarse con ella es una sensación solo equiparable con los pies descalzos sobre el pasto
Amo la lluvia porque no hay nada mejor que el olor a hierba mojada
Amo la lluvia porque moja a todos por igual
Amo la lluvia porque produce una sensación de paz inexplicable
Amo la lluvia porque me hace sentirme plena y agradecida con la vida, no importa cuan malo parezca el dia…
Muchos dicen  que después de la tormenta siempre sale el sol, a  mi déjenme la tormenta.

domingo, 19 de mayo de 2013

viernes, 17 de mayo de 2013

Confesión




 Esto lo escribí en la secundaria, no recuerdo bien el año, pero creo que era para un concurso. Hoy viendo archivos viejos con la excusa de no estudiar, lo encontré.

Durante varios años se hablará del hecho que contaré a continuación, como los primeros momentos de corrupción del gobierno en la Argentina. También de cómo yo, el presidente de la primera junta Cornelio Judas Tadeo Saavedra, mas conocido como Cornelio Saavedra, tenía una fuerte rivalidad con Mariano Moreno y que esa fue la causa de su muerte. Hoy, sabiendo próxima mi muerte y para que la gente no hable vanamente decidí contar los hechos tales y como fueron sucediendo, pero no sin la justificación de porque las hice.
Todo comenzó un día en el que fui elegido para ejercer el cargo de presidente el 25 de mayo de 1810, aunque muchas veces me había opuesto no sólo por falta de experiencia para desempeñarlo, sino también porque no quería se creyese que había tenido interés en participar militarmente defendiendo la nación por el solo hecho de adquirir empleos y honores. Sin embargo tanto insistieron para que asuma, que termine accediendo a la petición.
Mariano Moreno llegó al puesto de secretario de la primera junta gracias a su título de abogado y a sus ideas, en mi opinión equívocas, ya que influenciado por pensamientos de falsos intelectuales como Rosseau y autores como Juan de Solórzano y Pereyra y Victorián de Villalba, defendía a gente totalmente insignificante como los indígenas que trabajaban por el progreso del país en Potosí. Obviamente, los sensatos responsables de ese lugar lograron que se retirase de inmediato. Otro ejemplo de su insensatez era su apoyo a los sectores revolucionarios y su acuerdo con las ideas de Manuel Belgrano.
Fue ese el motivo por el cual me sorprendió (quizas tanto como a el) que, a los pocos meses de haber llegado a Buenos Aires se lo eligiera para formar parte de la primera junta. Alli fue donde comenzo nuestro enfrentamiento. Él, tenía las típicas ideas de alguien joven, que carece de experiencia. Y por si fuera poco defendía las ideas típicas de esa clase de personas, eran ideas totalmente radicales, que pretendían cambiar por completo el gobierno, y proponía una sociedad ideal, donde no hubieran engaños, mentiras y fuera igual el poder de un gobernante que al de un simple campesino. Indiscutiblemente yo, un hombre maduro, sensato, respetuoso, con toda la experiencia y sabiduría que la vida había sabido darme, me oponía fervientemente a su “política ejemplar” , como el niño solía llamarla. El pobre ingenuo no comprendía que habiendo un gobierno de este tipo, personas como el y yo perderíamos poder, riquezas y clase, ya que seríamos iguales a todos los demás, y no debía ser así, ya que éramos elegidos, personas especiales, y nuestro deber era mantener la situación de esa manera.
Así ocurrió que un día lo enfrente y  le conté sobre mi idea, y sobre como la suya estaba estorbándome, le advertí sobre las consecuencias que esto podría traerle, ya que como dije antes, soy y en ese momento era un hombre poderoso, que con mover solo un dedo podría desaparecerlo al y a todos los que osen seguirlo. Como se esperaba el insolente Moreno, me respondió diciendo: “Cornelio, entiendo que has sabido ganar enfrentamientos militares, pero esta vez perderás, ya que el camino de la justicia y el bien puede que sea más largo, pero termina siendo el que más frutos da. Yo sigo ese camino. En cambio tu, no sé que pretendes con esta farsa que te has propuesto, ¿o acaso no sabes que todo esto se terminará descubriendo y tu perderás la honra y honor que posees ahora?”. Y diciéndome esto se fue.
Luego de ese día cada vez que nos encontrábamos, teníamos un enfrentamiento, aunque nunca llegó a mas que una discusión, ya que, debo reconocer, los dos éramos (en ese aspecto), seres civilizados. Pero él continuaba interfiriendo en mis planes para mantener el poder, haciendo por ejemplo, su propio periódico, por el cual informaba a todos sobre las decisiones que tomaba o no el gobierno, y dejando expresa su opinión. Además, como si eso fuera poco también abrió una biblioteca y ayudó a que la gente pudiera ser más culta, mas pensante. Esta decisión la hubiese apoyado abiertamente, si no fuera porque esto no era de mi conveniencia, y cuanto más saben las personas, menos se las pueden engañar
Llegó así un día en el que yo, cansado que sus constantes intentos de sabotear mis intenciones, decidí alejarlo. Aproveche que había perdido poder, luego de haberse incorporado al cabildo varios diputados a mi favor, y que había renunciado. Entonces procedí dándole el puesto de representante de la junta ante Rió de Janeiro y Londres, y le otorgué la misión de ir a este último lugar para conseguir armamento. En realidad lo que pretendía era que se quedara alli para siempre y que no vuelva a interferir en mis asuntos.
Todo marchaba como yo lo había planeado, pero antes de irse, me injurió de tal manera, con palabras tan hirientes que en ese mismo instante resolví matarlo, me cegó la ira, el individuo me había lastimado diciéndome injusto, mal servidor, egoísta, y muchos insultos mas que no mencionare en este momento, pero también blasfemo contra mi esposa, y eso no se lo iba a perdonar. Cegado por la ira, me dirigí al capitán del barco y le propuse concretar el plan que había elabora hace solo unos segundos, luego le di un frasco de antimonio tartarizado, un compuesto semejante al arsénico y le dije además que lo matara lentamente, para que la infeliz sufra como se merecía, y que tenga una muerte dolorosa e indigna, lejos de su familia. El barco zarpó el 24 de enero de 1811...
Pasaron dos meses cuando recibí noticias de su muerte, Mariano Moreno murió a sus 32 años, 6 meses y un día de su edad, en atlamar. En ese momento solo se me ocurrió una frase “hacia falta tanta agua para apagar tanto fuego”.